El Evangelio de Judas

Los humanos, esos seres pensantes y conscientes que habitan el planeta Tierra. Los humanos, esos animales que para dar forma a su mundo y entenderlo mejor, entre otras cosas, se volvieron espirituales e inventaron las religiones.

Como somos humanos, también nos toca vivir en permanente duda sobre lo que creemos, lo que hacemos y lo que somos. Hasta las creencias más arraigadas son susceptibles de ser mentira. Todos nosotros, lo digamos o no, somos conscientes de ello.

Por ejemplo, en el relato cristiano de la muerte de Jesús hay muchas cosas que hacen bailar las certezas de los creientes. Una de ellas es la historia de Judas como traidor. El traidor por excelencia, para más señas.

Sobre esa historia, y, de paso, sobre la historia de la duda como condición humana escribió Borges el cuento Tres versiones de Judas. En él especula sobre la posibilidad  de la existencia de un Evangelio de Judas dónde se explica un versión nueva de la muerte de Jesús. En ella Judas en realidad quedaría de acuerdo con Jesús para que éste fuera ejecutado y puediera así redimir al mundo.

Es decir, Borges con este cuento se pregunta: ¿Y si fuera Judas el verdadero héroe de la historia? ¿Y si Judas fue el verdadero sacrificado de la historia? Porque finalmente, Jesús moriría en la cruz pero quedaría redimido y subiría a los altares, por decirlo de alguna manera. Mientras, el sacrificio de Judas duraría toda la eternidad. ¿Un Prometeo crisitano? Tal vez.

Giotto. Capilla de Scrovengni. Padua. 1304.1306
Giotto. Capilla de Scrovengni. Padua. 1304.1306

Borges de la mano de esta historia reflexiona sobre la condición humana. Dice, por ejemplo, que humanidad y prefección son palabras contrarias y no se pueden dar a la vez en Jesús, por ejemplo. Ensalzando la figura de Judas damos relevancia a lo humano, según Borges.

“Obró (Judas) con gigantesca humildad, se creyó indigno de ser bueno”

Y con eso nos traslada otras dudas o incertezas, más bien, sobre lo que significa ser bueno o ser malo y hasta sobre lo que juzgamos como malo y como bueno, sobre nuestra incapacidad de conocer todas las versiones de una historia y, por lo tanto, de ser justos en nuestros juicios.

La existencia del Evangelio de Judas no fué una ocurrencia genuina de Borges. Ireneo de Lyon (II-III dC), en su cruzada contra las heregías nos habla de un texto llamado El Evangelio de Judas y suponemos que de allí sacó Borges la idea…

Y dicen que Judas el traidor fue el único que conoció todas estas cosas exactamente, porque solo él entre todos conoció la verdad para llevar a cabo el “misterio de la traición”… Para ello muestran un libro de su invención, que llaman el Evangelio de Judas.

Ireneo estaba escandalizado porque en ese texto los cristianos Gnósticos (de los que he hablado en otra entrada) promulgaban unas creencias que dinamitan los mismos dogmas cristianos, justo en un momento de afianzamiento de esas comunidades y, por lo tanto, de gran vulnerabilidad.

Pero volvamos al texto contempóraneo que inventó Borges.

Decimos a veces que gracias a la literatura se inventan nuevos mundos y, de alguna manera, se modifica el presente. A pesar de que esa afirmación tiene mucho de retórica, en este caso, parece como si fuera verdad…si no fuera porque sabemos que eso es imposible.

Es decir, y ¿si Borges hablando del Evangelio de Judas abrió la posibilidad real de su existencia? De otra manera, ¿cómo es posible? ¿cómo se pudo dar tal casualidad para que en los años 70 apareciera en una tienda de segunda mano de Egipto el papiro original de ese Evangelio maldito y que no fuera hasta el 2006 que la Nathional Geographic lo estudiara?… ¿No os parece que esto es más el argumento de un cuento borgiano que una realidad?

Pues bien, así fué. Años después de la invención del cuento apareció en el desierto el texto prácticamente intégro del Evangelio de Judas.

Hay que decir que el texto es mucho más duro y desesperanzador que el que presuponía Borges. A veces, la realidad supera la ficción, sin duda. En el Evangelio de Judas se pone todo en duda y les dicen a los crisitanos…

Y ¿si estáis equivocados? ¿Y si vuestro Dios no es el verdadero? ¿Y si el que pensabáis que es el traidor es el verdadero héroe de la historia? ¿Y si Dios os engaña y se ha inventado esta historia para gentes humildes? ¿ Y si Dios no os respeta ni os quiere y solo quiere acabar con vosotros y vuestras miserias? ¿Y si todo esto, amigos, no es más que una trágica impostura?

Esta historia de miedo escrita hacia el siglo II dC, quedó reflejada en un papiro perdido en medio del desierto del actual Egipto.

Pero quién sabe, tal vez tampoco vaya de eso la historia. Sinó, como pensaba Borges, con todo ello sólo nos lleva a pensar en la humanidad y sus dudas. Es decir, en las pocas certezas que nos alcanzan. O a lo mejor todo ello nos devería servir para empatizar con el traidor, con ese hombre que no se salvó nunca. Ni tan solo en el relato. Ni tan solo en nuestras memorias.

Quién sabe si la única verdad sea que todos necesitamos y merecemos un aliado y un descanso, Judas incluido.

 

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