Ha llegado la noche (II parte)

New York City - Snow at Night -VivienneGuncwa
New York, Vivienne Guncwa

Es de nuevo de noche. La nieve cae pausada al otro lado de la ventana. La nieve que ilumina. La nieve que silencia y amortigua.

Se tumbó ayer y aún no se ha levantado. La cama se ha convertido en su bastión. Allí está ella junto con su bebé, agarrados, inseparables. Está triste, claro…porque se siente sola. Pero es una tristeza agradable, como la nieve. Quiere saborearla un poco más.

Me levantaré en cuanto pare de nevar, se dice. Tal vez no pare nunca, se dice.

Pero para. En un momento, ya hacia el amanecer, para. Y sale algo de sol y ella coge fuerzas y un poco de determinación, la necesaria para levantarse, ponerse un pantalón de chándal, un fulard violeta donde mete al bebé, un abrigo, un gorro para ella y otro para él, una bufanda y guantes. Coge el monedero y las llaves (tal vez un día volverá, nunca se sabe) y lo mete en los bolsillos. Sale de casa.

Va andando hasta la estación de autobuses, compra un billete y sube a un bus medio vacío. El asiento número 23 será, después de la gran cama de matrimonio vacía, la otra guarida en la que resguardarse unas horas ella y su bebé.

Van pasando personas a su lado, sonrientes, preocupadas, insomnes, habladoras, lectoras… Van pasando lugares detrás de la ventana, brillantes, hermosos, lejanos….

Cada vez, eso si, hay menos nubes.

Después de unas horas el viaje llega a su fin. Coge las pocas cosas que tiene y mete su niñito querido en el fulard violeta. Va andando por calles conocidas. Esas calles que de niña vio día tras día hasta que se le metieron en el alma. Supone, ahora que piensa en ello, que ese es su hogar.

La casa frente la que se para tiene una puerta de madera gastada. Hace sonar el timbre y al poco su madre abre la puerta. Su madre, ni más ni menos. Su madre, con sus arrguas en la cara, con sus canas en el pelo, con los ojos de color marrón oscuro y las manos abiertas, abre la puerta.

Se sorprenden y se alegran mutuamente. Acogerse y ampararse en este punto de sus vidas es todo lo que necesitan. Por eso, dejan un momentito al bebé en un capacito verde acurrucado en un saquito de algodón. Por eso, después se abrazan y la hija, ahora hija de nuevo, se deja caer en sus brazos. Luego de una gran siesta cenarán juntas, en una mesa puesta con un mantel antiguo.

(Primera parte)

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