3. Trótula y la salud

Hoy toca acercanos a la figura de Trótula de Salerno. Este nombre ha sido reconocido a lo largo de la historia como el de una reconocida señora médica de Salerno que escribió varios tratados de ginecología.

En recuerdo a esta figura, Eduardo Galeano nos regaló uno de sus retratos del libro Espejos.

“Mientras las Cruzadas arrasaban Maarat, Trótula Ruggiero moría en Salerno. Como la Historia estaba ocupada registrando las hazañas de los guerreros de Cristo, no es mucho lo que se sabe de ella. Se sabe que un cortejo de treinta cuadras la acompañó al cementerio y que fue la primera mujer que escribió un tratado de ginecología, obstetricia y puericultura. Las mujeres no se atreven a mostrar ante un médico hombre, por pudor y por innata reserva, sus partes íntimas, escribió Trótula. Su tratado recogía la experiencia de una mujer ayudando a otras mujeres en asuntos delicados: Ellas le abrían el cuerpo y el alma, y le confiaban secretos que los hombres no comprendían ni merecían. Trótula les enseñaba a aliviar la viudez, a simular la virginidad, a sobrellevar el parto y sus trastornos, a evitar el mal aliento, a blanquear la piel y los dientes y a reparar de los años el irreparable ultraje. La cirugía estaba de moda, pero Trótula no creía en el cuchillo. Ella prefería otras terapias: la mano, las hierbas, el oído. Daba masajes cariñosos, recetaba infusiones y sabía escuchar”.

De nuevo, como nos pasó con Safo, nosotros contemporáneos hemos intentado acercarnos a una figura mítica sin apenas datos certeros, hemos construido un retrato de Trótula que parece que no se acerca mucho a la realidad.

trotulaEl nombre es en realidad el eco de muchos nombres. El símbolo de la relación intrincada que han tenido las mujeres con la salud.

Me explico. Fue la investigadora Monica Green quién cerficó lo que hacía tiempo se murmuraba en la académia; Trótula no exisitó.

Tres manuscritos principales dedicados a la salud de las mujeres se fueron compilando a partir del silgo XIV bajo el nombre de una sola autora: Trótula de Salerno y fue creándose la leyenda. Una leyenda que es interesante por si misma, porque nos indica que todo el mundo veía plausible que la encargada de escribir toda esa literatura médica fuera una mujer, porque posiblemente eran als mujeres las encargadas de esos menesteres.

En realidad, Trótula fue Trota, una mujer que efectivamente escribió un pequeño e interesante tratado llamado De curis mulierus (Sobre la curas de las mujeres) y que aparece de manera casi anecdótica en medio de todos los manuscritos atribuidos a la  gran Trótula.

Nos ha quedado una mujer más pequeña para el recuerdo, sin duda, pero una mujer de medida más humana. En su  texto tenemos inidicios de unas prácticas que se realizaba por mujeres, que eran las que estaban en contacto directo con el cuerpo femenino. Es, en resumen, un texto alejado de las prácticas eruditas.

Trótula, Trota y todas las mujeres que tal vez hay detrás de los manuscritos, nos explican a ciencia cierta que las mujeres y los cuidados han estado íntimiamente ligados.

En las habitaciones de los enfermos, en el lecho de muerte, y como no, en la habitación del parto, las mujeres han sido protagonistas.

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Las mujeres han parido siempre acompañadas de otras mujeres, Y eso generaba enormes suspicacías y miedos, sobretodo de sustitución del bebé. Los hombres, perocupados por su descendencia legítima, no confiaban en las mujeres. En este sentido, podemos leer en un pqueño texto muy clarificador de época romana donde se daban las indicaciones de como debía ser una habitación para parir.

“La habitación de la parturienta tendrá una sola puerta de acceso. Si existen más, deberán ser cegadas poniendo tablas en los dos lados. Harán guardia ante la puerta tres hombres libres y tres mujeres libres (…). Cuando comiencen los dolores que la mujer lo anuncie a quienes tengan derecho o a sus representantes para que puedan asistir al parto (…). Todas las mujeres serán inspeccionadas. Se asegurará así que ninguna de ellas se encuentra embarazada. En el local se colocarán como mínimo tres lámparas, porque la oscuridad es propicia para la sustitución de los recién nacidos” (Salvio Juliano, Edicto Perpetuo)

Tendrían que pasar muchos siglos para que se consiguiera que los hombres entraran en la habitación donde nacía el bebé. Tuvo diferentes estadios y momentos más o menos anecdóticos.

Por ejemplo, la historia pugna por el control del parto que se dio el siglo XIII entre barberos y comadornas.

Antes del siglo XIII los barberos ejercían también tareas que hoy considereriem propias de los médicos y por eso también eran llamados cirujanos. Se deicaban a tratar afecciones externas y no aprendían el oficio en la Universidad sinó con gracias al sistema de gremios artesanales.

El cambio fundamental fue el momento que un grupo de cirujanos decidió abandonar la práctica de la barbería para dedicarse de manera exclusiva a la cirugía. Crearon la fraternidad del Collège de Saint Côme e insistieron en llevar el mismo uniforme de los médicos. Pero los médicos los excluyeron de la profesión médica y no fue hasta el siglo XVII que los cirujanos formaron parte del colegio médico.

Así pues, este grupo de barberos que ocasionalmente se dedicaban a extirpar partes cangrenadas o una muela, se dedicaron exclusivamente a curar y al ver que no podían subir de nivel y equipararse a los médicos cambiaron de estrategia. Dedicieron entrar a competir con las comadronas y se dedicaron a asistir partos. Su reputación se hacía cada vez más amplia entre los clientes como expertos en la atención del parto y las enfermedades femeninas. Empezaron a establecer sus propias prácticas y ganaron prestigio.

Con el tiempo las luchas entre médicos, cirujanos y matronas por el control del parto se redujeron en una lucha entre médicos y cirujanos, marginando eficazmente a las mujeres-comadronas.

Pero la lucha para que fueran mayoritariamente hombres los que se ocuparan del parto duró siglos. Sinó que le cuenten a la mamá de Tristam Shandy…

Os propongo la lectura de este fragmento  que aparece en la novela cómica Tristam Shandy, escrita en el siglo XVIII, donde se puede ver claramente la poca confianza que sucitabanlos médicos.

Mi padre rogó y suplicó a mi madre que por una vez renunciara a su prerrogativa en este asunto, y que le permitiera elegir por ella; mi madre, por el contrario, insistía en su privilegio de elegir por sí misma, y en no tener más ayuda mortal que la de la anciana. ¿Que podía hacer mi padre? Estaba agotando todos los recursos, lo habló con ella en todos los tonos, la planteó sus argumentos bajo todos los aspectos, discutió el asunto como crisitano, como pagano, como marido, como padre, como patriota, como hombre…Mi madre respondía a todo como mujer, lo cual le resultaba un poco difícil, porque como no podía asumir y combatir sus razones tras tantos peronajes, el juego resultaba desigual; estaban siete contra uno. ¿Que podía hacer mi madre? (…) Hasta tal punto que ambos entonaron un Te Deum. En una palabra, mi madre sería asistida por la anciana, y el cirujano podría ir a beberse una botella de vino con mi padre y mi tio Toby en la sala de atrás, por lo que se le pagarían cinco guineas.

Un tema va sobrevolando las historias que os voy contando, y ahora vamos a hablar de él: La Universidad. Qué pasa con el conocimiento de nivel universitario…¿No estuvo Trótula estudiando en Salerno? ¿No estudió en una Universidad?

Si bien Trota tal vez formó parte de la llamada Escuela Médica Salernitana, la realidad es que las mujeres tuvieron durante demasiados siglos, vetada la entrada a los estudios universitarios.

Entre los siglos XII y XVII se pordujo en Europa lo que se suele señalar como proceso de organización y consolidación de un sistema de asistencia médica que, regulado mediante el poder de la ley, exculyó y subordinó el trabajo sanitario de las mujeres.

El hecho de que fuera necesario pasar por la Universidad para dedicarse a ciertos aspectos de la salud y que eso no se le permitiera a las mujeres, evidentemente, arrancó de cuajo las posibilidades de ocuparse de una de sus ocupaciones más habituales, encargarse de la salud de los demás.

Si vamos más cerca nuestro, en el mapa y en el tiempo, veremos que las mujeres no pudieron entrar en la Universidad de manera oficial en España hasta 1910 y que antes solo unas pocas valientes se decidieron, a pesar de todos los obstáculos, a entrar en la Universidad de medicina.

Hemos hablado de Martina Castells.

martina

Y de Dolors Aleu, la única que pudo ejercer medicina, desde 1882, cuando defendió su tesis doctoral: La necesidad de encaminar por la nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer (Barcelona, 1883).

Más información sobre su vida y legado en:

Dolors Aleu, Diari ARA

Dolors Aleu, doctora anticorsés

En todo caso, todas esas mujeres que tuvieron la osadía de enfrentarse a su tiempo y entrar en la Universidad, no les fué fácil. El ambiente machista de la época se deja entrever en varios comentarios de los periódicos del momento.

Hace algún tiempo viene discutiéndose si la mujer servirá o no para ejercer la Medicina (…) Mucho trabajo costaría a las alumnas de medicina familiarizarse con los cadáveres en las salas de disección, y luego ir a sus casas a cumplir sus labores (…) con los rebordes de las uñas teñidos de sangre y algunos miasmas en las narices.
Así pues, les aconsejo que no dejen la aguja de la mano y sus múltiples labores, que no les faltarán camisas que planchar y que remendar o hijos a los que prodigar sus cariñosos cuidados, y la que no se conforme con esto puede coger el estropajo e irse a fregar, porque la mujer nunca servirá para ejercer la medicina, y mucho menos la cirugía.
Fragmentos aparecidos en la Revista el Siglo Médico (1878)

Mientras estas mujeres, contadas con los dedos de las manos, intentaban acceder al puesto de máximo prestigio dentro de las ciencias de la salud, otros lugares estaban reservados para ellas.

Las matronas, por ejemplo, seguían siendo mujeres. Hace un tiempo, aprovechando el estreno de la serie Llama a la comadrona (que actualmente puede verse en Netflix), hice una entrada explicando la historia de la matronería en épocas recientes.

También claro, la infermería ha sido una disciplina eminentemente femenina. Al hilo de ello, en la sesión nos hemos dedicado a hablar de Florence Nightingale, considerada la madre de la enfermería moderna.

Florence

Una mujer ciertamente interesante, que da nombre al juramento Nightngale, efectuado por las enfermeras al graduarse y el día Internacional de la Enfermería se celebra en la fecha de su cumpleaños. Tiene hasta un Museo dedicado a su legado.

Y con ella terminamos. Para mi la conclusión principal de la sesión es que la salud y las mujeres tiene una intrincada historia común. Que la Institucionalización del conocimiento en las Univerisades y la prohibición de estudiar a las mujeres, hizo que estas quedaran relegadas a un papel secundario en ocupaciones como la asistencia a los partos y la enfermería.

 

Bibliografía:

La mayor parte de la información la he extraído de libro Sanadoras, matronas y médicas en Europa (siglos XII-XX) editado por Icaría el año 2001. Se trata de una compilación de artículos entre los que quisiera destacar:

  • “En busca de la auténtica medicina de mujeres: los extraños destinosde Trota de Salerno e Hildegarda de Bingen”, Monica Green
  • “De parto: la medicina, el estado moderno y la matrona real Lousie Bourgeois (Francia, siglo XVII)” Bridgette Sheridan.

También he utilizado textos que salen en mi libro Maternalias, de la historia de la maternidad, así como los enlaces que he ido poniendo a lo largo del texto, sobretodo en lo referente a las biografías de las mujeres citadas.

Al final de la sesión surgió un interesante diálogo sobre la prohibición de la entrada de las mujeres en la Universidad, tanto en el Estado español, como en el resto de Europa. Al hilo de ello, en la siguiente sesión comentamos un artículo que explicaba muy bien el tema y que también os enlazo a continuación.

Cien años con mujeres en la Universidad

Para ver otras sesiones ir a este enlace:

Mujeres que cambiaron la historia

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