Ausencias significativas

En medio de un relato el protagonista desaparece de escena. En el mismo nudo de la acción, la historia da un giro inesperado y lo pierdes de vista. El relato sigue sin él. Mejor dicho, está allí siempre presente, pero no sabemos dónde.

Porque a veces no hay otra manera de contar las cosas que sin hacerlas explícitas. A veces lo que pasa va más allá de lo imaginable.

KeshaBruce_Guardian_Kiska_sm-545x545
Kiska, the Guardian (2011), Kesha Bruce.

Por ejemplo, cuenta Angela Carter un cuento africano dónde una muchacha se casa con un hombre malo:

“Durante la primera noche de bodas los dos recién casados estaban durimendo juntos y el marido dijo: -Supón que vamos a mi pueblo y comenzamos a pelear en mitad de la calle, ¿qué harías? La mujer dijo que se transformaría en árbol. El hombre le respondió que, incluso en ese caso, le daría alcance. Ella dijo que siendo así, se convertiría en un charco de agua…”

En todos los casos que ella propone, el marido dice que la atrapará.

Y llega el día que ella debe transformarse.

“Entonces, la chica se transformó en una cosa que la noche anterior la madre había logrado que no revelase. El marido miró alrededor durante un buen rato, sin verla, y finalmente se dió a la fuga”

Y así, ni los lectores u oientes, saben dónde se metió la mujer. Tan grande era su miedo que no lo contó a nadie.

***

Cosas increíbles pasan dónde nadie las espera. Por ejemplo, en un Evangelio apócrifo se cuenta de la siguiente manera el nacimento de Jesús.

“Cuando llegaron a la cueva pararon. Una nube oscura la cubría. De repente la nube se apartó de la cueva y apareció dentro de la cueva una luz tan grande que los ojos no la podían soportar. Al poco tiempo esa luz se fué retirando hasta que apareció el recién nacido, que se giró para mamar del pecho de su madre María”

(Traducción libre del catalán del Libro de Jaime o del Nacimiento de María)

***

Y la última ausencia es una ausencia oficial, que marcó el futuro de las creencias de Occidente. Una ausencia con la que se dió inaugurada la llegada del cristianismo, podríamos decir.

Al día siguiente, de madrugada, se dirigieron al sepulcro con perfumes que habían preparado: observaron que alguien había apartado la piedra que cerraba la tumba, entraron y no encontraon el cuerpo de Jesús. Entonces sucedió que, mientras estaban desconcertadas por estos hechos se les persentaron dos hombres (…). Ellas se llenaron de miedo y inclinaron la cabeza hacia el suelo. “¿Porqué buscáis entre los muertos a quién está vivo?” dijeron ellos. “No está aquí: se ha despertado” (…). Ellas después volivieron al sepulcro y lo contaron todo a los 11 y a todos los demás.

Eran María Magdalena, Juana, María, la madre de Jaime y otras mujeres que las acompañaban: cuando lo contaron a los Apóstoles, pensaron que desvariaban y no las creieron” (Luc, 24)

(Traducción libre de la versión al catalán de los Evangelios traduccidos por Joan. F. Mira)

Esas mujeres contaron la resurrección de Jesús y con ello empezó un movimiento religioso que desenvocaría en lo que hoy en día llamamos cristianismo.

***

De estos tres textos quiero fijarme en AQUELLA que desapareció, LA OTRA que parío y LAS que lo contaron.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *