Intimidad femenina. Apuntes históricos sobre sororidad

11 de septiembre, hermana, el día de mi cumpleaños, te envío esta invitación para asegurarme que estarás aquí con nosotros, haciendo así más agradable mi día si tú estarás presente. Saluda de mi parte a tu Cerialis. También lo saludan mi Aelio y mi pequeño hijo. Te espero, hermana.

Adiós hermana, mi alma más querida. Te saludo.

Tal y como hablé contigo, le he pedido a mi marido Brocchus y podré ir contigo. Le pregunté y él me respondió que no tenía ningún problema en permitirme ir contigo, junto con (… ..) para ir contigo como sea. Para venir hay ciertas cosas esenciales que (….). Recibirás las cartas donde te indique lo haré (…). Permaneceré en Briga.

Adiós a mi hermana, mi más querida y deseada alma.

He aquí, señoras y señores, la primera vez en la historia que se reconoce la mano de una mujer escribiendo.

Dos mujeres. Dos cartas.

Ya había hablado sobre estos maravillosos textos. Se trata de correspondencia escrita en tablillas de madera y recuperada en el campamento militar de época romana de Vindolanda, actual Gran Bretaña (entre los siglos I y II dC)

Hoy me fijo en un término que repiten una y otra vez: hermana. SOROR, en latín.

Es especialmente significativo para mí, porque nada indica que sean hermanas carnales. Así que podemos deducir que son solo, y tal como ellas mismas nos cuentan, hermanas de alma.

En épocas antiguas las mujeres vivían decidiadmente alejadas del mundo de los hombres. Así, como en cualquier grupo social marginado (es decir, alejado de la centralidad patriarcal) se estrechaban los lazos. En el gineceo antiguo, tengo la impresión, que las mujeres se vinculaban entre ellas de manera muy especial. Denominarse hermanas, debía ser habitual.

Hermanos, hermanas, denominaciones también habituales hoy en día en otras comunidades, como la afroamericana. Tal vez en muchas más, que yo no conozco.

No se nos hace extraño, porque son maneras de lanzar hilos, palabras que nos vinculan al otro y nos hacen sentir parte de una comunidad. Que necesario e imprescindible que es eso, a veces.

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Balet en un pueblo ruso (II Guerra Mundial)

Vinculaciones que en esas épocas antiguas llevaron a las mujeres a quererse, a veces más cerca del que hoy en día conocemos como amor romántico, que del franternal. Así nos lo indica la poesía femenina antigua que conocemos, de la cual la poeta más sobresaliente es Safo.

Hermanas de alma. Hermanas en la marginalidad.

No hace tanto en un precioso club de lectura feminista de mi ciudad oí por primera vez la palabra sororidad. Un neologismo, traducción directa del término sisterhood*.

La de vueltas que dan las palabras y los significados!

Me sonó extraña. Pensé ¿por qué no utilizaban alguna palabra ya existente, como hermandad o fraternidad? que viene a contar lo mismo. Pero no, claro, porque soror es hermana en femenino, mientras que frater (que da franteridad) es una palabra solo masculina y hermandad demasiado neutra, tal vez.

Así pues, sororidad, este nuevo término que corre por la red como la pólvora, es una palabra llena de significado femenino.

Y que bonito me parece, que justamente en esa primera carta de puño y letra de mujer ya aparezca,

soror anima mea

Ahora, nos toca a nosotras decidir que significa en este nuevo contexto, donde ya no hay gineceos que nos cobijen de la interperie patriarcal. En otras palabras, dotarla de significado, hacerla significativa.

*Por si tenéis curiosidad sobre las etimologías de sister o sisterhood, podéis consultar estos enlaces: http://www.etymonline.com/index.php?term=sister http://www.etymonline.com/index.php?term=sisterhood

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