Plegaria

“He recibido hace poco una llamada de Élisabeth, una mujer que conozco desde hace poco tiempo: “¿Descansas bien?” me ha preguntado. De repente, esta trivialidad me ha conmovido:¿desde cúando no me han hecho esta pregunta…que tampoco yo me hago?” (J. Kristeva, Lo sagrado y lo femenino)

Plegaria. Oración. Ruego.

Palabras que son como hilos (de nuevo nuestras madejas).

Lanzamos un cabo en forma de

¿Cómo estás?

¿Cómo te encuentras?

¿Necesitas ayuda?

Sinónimos, subterfugios de los más claros y directos Aquí me tienes, heme aquí. Para tí. Soy porque me doy a los demás. También por eso.

Remendadoras de redes en Tossa de mar
Remendadoras de redes en Tossa de mar

El cabo es recogido al otro lado solo si se tira con fuerza y decisión. Es decir, si no se tiene miedo a la respuesta.

No solo eso. Lo mejor es que al lanzarlo podemos recibirlo de vuelta, antes de lo imaginado.

Nos saludamos y, sin querer, nos deseamos lo mejor. Se nos ha olvidado que hay detrás de un inocente Cuídate!

En toda la cuenca meditarránea y supongo que en todas las cuencas que pueblan el mundo, hemos sacralizado esos hilos, esas carícias linguísticas, con un Adiós, Shalom, Salam y toda la variedad de buenos deseos para quien tienes delante.

Que dios esté contigo es en realidad una manera de querer bien al prójimo. Con dios o sin él, vale la pena atesorar algunas palabras sanadoras, hacernos una listita con ellas y repartirlas entre nuestros semejantes cuando lo creamos conveniente.

 

 

 

 

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