Las palabras se desvanecen en el aire

Es inaudita la cantidad de palabras imprecisas que escribo a lo largo del día. Cosas de la modernidad, porque ahora que paso tanto tiempo en casa sola con mis hijas, la mayoría de cosas que digo las digo por escrito. Son palabras que permanecen en ese extraño limbo que estamos erigidiendo entre lo escrito y lo oral. Whatsap, comentarios en el facebook, tweets y demás.

Sócrates era contrario a dejar fijadas las palabras por escrito. Consideraba que se aprendía del diálogo y que una vez escrito un pensamiento, quedaba allí, demasiado inmutable. En ese sentido, su discípulo Platón le traicionó un poco, porque pensó que todo ese universo de palabras y conocimientos debía pasar a la posteridad y lo escribió, en una fórmula a medio camino entre lo oral y la prosa: el diálogo. Me parece una manera honesta de fijar un conocimiento porque puedes sacar tus propias conclusiones, ver qué camino ha seguido el racionamiento en concreto y allí es donde aprendes de verdad, en igualdad de condiciones.

Reflexiono sobre estos temas después de la lectura del libro “Lo femenino y lo sagrado“, escrito a cuatro manos. La antropóloga Catherine Clément y la psicoanalista Julia Kristeva deciden iniciar un relación epistolar con un tema fijado, el significado profundo la relación de dos conceptos: lo sagrado y lo femenino.

Es una fórmula interesante por varios motivos. El primero es el que esgrimía más arriba, lo que implica de honestidad académica, porque no se da nada por hecho, sinó que se apuntan líneas de pensamiento, se comparten, se refutan, todo delante de la audiencia lectora, que es tratada como mayor de edad, y puede sacar sus propias conclusiones. Por otro lado, nos enseña todo lo personal que hay detrás de las elecciones académicas. En el libro vamos viendo, por ejemplo, como el origen cristiano y judío de cada una de ellas moldea las maneras de enfocar los problemas.

También me ha hecho pensar en las maneras como han aprendido las mujeres. No solo las mujeres, en general los grupos marginados que viven de espaldas a la Academia. Me parece que el diálogo, la discusión…en definitiva, el intercambio ha sido fundamental en estos aprendizajes.

Recientemente se volvió a emprender este camino. Las mujeres empezaron la anadura de su autoconocimiento de la manos de los feminismos contemporáneos. Para descubrirse. Redescubrirse. Entre los temas más tratados, sin duda, el cuerpo y la sexualidad fue, ha sido y es un eje de preocupación. En este sentido, es paradigmático el libro Our bodys, ourselfs escrito colectivamente por el grupo de mujeres de Boston. Se ha convertido en un clásico de la salud de las mujeres y, ya de paso, del feminismo.

Yo también estoy aprendidendo mucho de compartir. De las demás. Esa frase es con la que encabezo mi perfil de twitter (“Se aprende al participar, se aprende de los demás”) se la leí a Noam Chomsky en una entrevista hace unos años, donde analizaba el movimento del 15M.

Es de esa manera con la que muchas y muchos de nosotros estamos creciendo. Compartiendo y dialogando en la red. Es verdad que como todo hoy en día, llega un punto excesivo. A veces es necesario centrarse en una misma, no desparramarse demasiado en los demás. Por eso me gustan tanto los libros con páginas que pasar. Tener ese objeto en las manos es terapéutico. Es para mi una especie de sinónimo de intimidad.

Por otro lado, me pregunto…

¿Que pasará con todo lo que estamos escribiendo en este mundo de oralidad escrita en el que vivimos? ¿Alguien recordará, fijará o documentará todas las discusiones, todas las aportaciones y todos los diálogos? Quién sabe, tal vez sin querer estamos volviendo al ágora en que se encontraba Sócrates. Tal vez no hace falta que todo permanezca y es mejor que nuestras palabras imprecisas se desvanzcan en este estraño universo ciberespacial.

 

 

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