Yo ya no te espero en el umbral

Y tu ¿a qué lado del muro te encuentras?

Las mujeres durante muchos siglos hemos respondido siempre lo mismo: dentro.

Estábamos dentro.

De las casas.

De los muros.

De los velos.

muro

Tengo la impresión, aunque confieso no haberlo leído en ningún libro de historia, que el encierro empezó por voluntad propia. Como conté en otra ocasión, en muchas culturas las mujeres se separan del tejido social cuando tienen la regla. Lo que no se sabe seguro es si estás separaciones son voluntarias y buscadas por las mismas mujeres. Así lo afirman algunos investigadores (por ejemplo, Esther Harding, B. Bethelheim, A. Rich…)

Los períodos de menstruación no eran tan constantes como los tenemos ahora. Las mujeres que no han estado viviendo en un mundo capitalista tiene de media menos de la mitad de periodos que nosotras. Son mucho más irregulares, entre otras cosas porque paren más y tiene lactancias más prolongadas. Así, debemos imaginar la vida de las mujeres con periodos de reclusión y fuerte introspección, donde solo entrarían en contacto con otras mujeres. En la anterior entrada ya me referí también al puerperio o cuarentena, donde también se daría esa constante.

Mujeres encerradas por propia voluntad. Sangrando. Una sangre que no es muerte, sinó vida.

Pero no todos los encierros son voluntarios. Los hombres de algunas sociedades patriarcales decidieron encerrar a las mujeres legítimas como si fueran objetos de valor.

En los palacios japoneses, entre las familias pudientes de China, en todo el arco mediterráneo -desde la Antigua Grecia a los harénes del sur mediterráneo- encontramos mujeres encerradas en sus gineceos, en las alcobas femeninas. Allí convivían con las criaturas, con esclavos y las esclavas, con sirvientes y, sobretodo, con otras mujeres.

Un encierro que duró días, meses…siglos. Supongo que algún lugar habrá en el que aún sigan encerradas.

El umbral de la puerta cogió tintes sagrados, fué la frontera exterior de su mundo. Las vasijas griegas donde aparecen mujeres se representan, en muchas ocasiones, en el umbral, cerca del marco de la puerta. Es el espacio de transición entre fuera y dentro, entre el mundo femenino y masculino. Allí las mujeres empiezan a estar indefensas.

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Crátera figuras rojas. Louvre (K 404)

Si sales no mires de frente a los ojos, no levantes la cara. Haz como si no estuvieras.

Se sabe que durante el encierro de la cuarentena, por ejemplo, en algunos lugares del País Vasco si en algún momento querían salir a la calle por necesidades imperiosas, también tenían manera de llevarse la casa a cuestas y para hacerlo se tapaban la cabeza con una teja o con un pañuelo.

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Mujer con teja, Euskalherriaren Jakintza, 1935

El pañuelo, el velo, no es más que un encierro simbólico. Seguir con los muros de las casas a cuestas.

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Terracota de mujer griega con velo (Capua, s.II aC)

Por otro lado, nadie dice que esos siglos de encierro fueran baldíos. Porque allí construyeron un mundo al margen y eso es mucho.

Pensaron, cantaron, crearon…en el libro de Sueños en el Umbral de Fátima Mernisi, nos cuenta sus tardes de teatro, de sesiones de belleza, de confesiones, de rezos…os invito a descubrir alguna poeta griega para conocer esos universos femeninos, por ejemplo Safo.

Ya salimos de ese encierro.

Estoy fuera. A pesar de lo duro que es a veces el mundo ahí fuera.

Yo ya no te espero en el umbral.

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