El parto como oportunidad

No soy una mujer nada mística. De hecho, si hubiera leído esta entrada antes de mi segundo parto probablemente hubiera hecho una mueca de desaprovación.

Mi primer parto fué lo que pensaba que era un buen parto. Parí sin muchos miedos, con pocas ganas de sentir dolor y con una maravillosa epidural que me facilitó el proceso relativamente, porque no me hizo consciente de casi nada. No empujé bien porque no ví la necesidad. Aún así, al final salió mi hija maravillosa sin muchas complicaciones. Así que pensé que no podía ser mejor, pero me equivoqué.

El segundo parto me lo tomé casi como si se tratara de una investigación antropológica. Quise probar que se sentía pariendo sin analgesia. Y fué una revelación, tal cual.

Los pormenores los conté en otra ocasión, pero en resumen podría decir que cambió mi vida, mi percepción sobre lo que somos capaces, sobre la fuerza del cuerpo humano y sobre la parte trascendente y mística de nuestras vidas.

Las mujeres y hombres contemporáneos vamos en busca de experiencias que nos cambien, que nos ayuden a encontrar el sentido de la vida. Muchas las tenemos a la vuelta de la esquina.

Estoy segura que será la experiencia profunda a la que voy a enfrentarme. No se me ocurre otra.

Ahora estoy embarazada de la tercera niña. Me hace ilusión pensar en el nuevo impulso que dará mi vida cuando la para. Es verdad, nadie dice que saldrá como esperamos, nadie puede preveer el futuro.

Lo único que está en mis manos es darme esa oportunidad. Voy a hacer lo posible por darme la posibilidad de redescubrir mi fuerza interor, todo lo que soy capaz de hacer. Y es increible.

No lo hago por ella. Creo que es importante afrontar el parto como un regalo que te puedes hacer a ti misma.

Mi preparación de momento ha consistido en empezar a pensar en ello. Me ha ayudado mucho un libro que llegó hace un tiempo a mis manos. La editorial Capitán Swing (qué maravilla de editorial, por cierto) ha editado el libro Guía del nacimiento de Ina May Gaskin.

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La autora es una matrona norteamericana que creó un centro de nacimientos donde se ha conseguido lo que nunca debería haber cambiado: que las mujeres que van a parir sean las portagonistas de sus partos. El resultado: unas estadísticas envidiables. Pocas complicaciones, pocas intromisiones y muchas criaturas nacidas en un entrono maravilloso.

El libro consta de dos partes, la primera son un montón de experiencias de partos que han salido bien, a veces a pesar de las dificultades…son un gran número de finales felices que te ayudan a visualizar la posiblidad.

La segunda parte se encarga de explicarnos los entresijos, los trucos de los que te pudes servir para parir… En definitiva, en que consiste el proceso y las cosas que están en nuestra mano para facilitarlo.

No hace falta decir que muchos medios de los que disponemos en la actualidad han facilitado bajar la estadística de muertes de recién nacidos y mamás…solo faltaba. Pero también está bastante demostrado que demasiadas veces toda la parafernalia que rodea al parto es más una traba que un atajo.

Diría, como resumen de la lectura, que la moderindad y todos sus miedos nos está quitando a las mujeres la preciosa oportunidad de parir por nosotras mismas. Nos han robado esa experiencia, la posibilidad  de convertir el parto en una oleada de fuerza y autoridad. Creo que eso nos repercute como madres y nos hace más débiles. De ser simples pacientes en un hospital podríamos ser protagonistas. Podríamos aprender de nuestros cuerpos y podríamos ser más fuertes. No siempre va a ser posible, pero ¿porqué no probarlo? ¿porqué no hacer todo lo que está en nuestras manos?

Los ingredientes principales son relativamente sencillos: confianza, intimidad y buena compañía (vaya, me doy cuenta que las tres palabras son practicamente sinónimos)

“Durante el proceso del parto adquirí una gran confianza en mí misma. Me aparté de lo conocía, de la cultura en la que me habían educado. Aprendí que puedo salir adelante en situaciones dolorosas y que dan miedo, ser fuerte y estar pesente cuando necesito estarlo. Mi temor a no saber cómo ser una buena madre ha desaparecido a medida que se ha reforzado mi seguridad en que sé intuitivamente cómo querer a Grace. He sentido una energía y una fuerza vital increíbles en todo mi cuerpo y he renacido como una persona más feliz, más sana y más segura”. (pag. 45, testimonio de Katheryn)

 

 

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