La mujer que contó como era el Amor

No hace tanto que conté como surgió el amor. Pero eso era solo el principio, porque amor es una palabra, sin duda, polisémica. Ponla en la boca de cualquiera. Al hacer uso de ella, muchos mundos se abrirán a su alrededor.

Es un palabra con tanta fuerza que hace que su comprensión sea casi inabarcable. Cuando llegó la época griega el concepto se sofisticó. Fue necesario utilizar más de una palabra: philia, agápe o, Eros, la “fierecilla agridulce”, entre otras.

Grandes intelectuales se ocuparon de esos temas. Elaboraron las más altas teorías. No nos debería extrañar, porque ¿quién no ha pensado seriamente en el amor?

Hoy hablaré de una obra importante sobre el tema: El Banquete de Platón.

Corría el año 380 aC. Un grupo de intelectuales atenienses se reunió alrededor de una buena mesa. Todos los presentes eran hombres conocidos y populares.

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Escena de banquete (Paestum)

Estaba prevista una conversación sobre de un tema clave: el Amor (Eros, en griego). Cada uno de los presentes contó su teoría sobre lo que era el amor.

El último en hablar fué Sócrates, el héroe de las historias platónicas. Después de oir paciente al resto de contertulios, siempre interroga y pone en duda todo lo dicho. Después expone su teoría.

En esta ocasión su teoría no es presentada como propia. Dice que todo lo que sabe acerca del Amor, se lo contó una mujer: Diotima de Mantinea.

Misteriosa señora de la que ningún contemporáneo hizo jamás mención. Aún así, de ser una invención sería una de los pocos personajes no reales de las obras de Platón. Pero es cierto que de ser real sería una mujer poco conocida, pero sabia e importante, como veremos.

Ella no se sentó en la mesa, porque en las reuniones de esta índole no podían entrar mujeres. Aún así, nadie hizo mención al hecho que fuera una mujer, a nadie le extrañó que ella fuera maestra de Sócrates. Eso significa que eso era posible, que había mujeres erudítas y sabias en algunos temas. Quiero subrayarlo, porque eso no entra en los esquemas de lo que sabemos acerca de la situación de la mujer en la Atenas Clásica. En este sentido, probablemente no es casualidad que se hiciera hincapié en que era una mujer extranjera, venida de Mantinea. Era importante dejar claro que Diotima no era ninguna esposa legítima, no era ciudadana.

Quiero ir un poco más allá sobre su identidad femenina. Creo que no solo no es casualidad, sinó que Diotima tenía que ser una mujer. Platón hace una elección consciente.

Veamos porqué:

Al hablarnos de Eros, el pequeño dios alado, Diotima lo considera como un daimon, un ser intermediario, ni mortal ni inmortal, ni dios ni ser humano.

Y ella es en esta obra, precisamente, eso: una intermediaria. Una mensajera.

Durante muchos siglos se ha considerado que las mujeres eran también intermediarias o, al menos, tenían vínculos especiales con los dioses.

Se creía que abrían ventanas al más allá cada vez que parían y daban vida. Que cerraban otras puertas cuando se encargaban de las muertes. Que cuando amortajan los cadáveres se manchaban las manos de muerte y tocaban el infieron con la punta de los dedos. Su situación de privilegio con los mundos misteriosos de los dioses requería de purificaciones y momentos de separación de la comunidad, antes de reintegrarse a la vida cotidiana.

Algunas (las más) vivían encerradas en sus gineceos, donde guardaban esos misterios que los hombres desconocían. Otras (las menos) vivían en primera línea pública y cumplían funciones primoridales dentro de la comunidad. Eran sacerdotisas reconocidas o maestras o ambas cosas.

Creo que precisamente por esa razón, Platón nos cuenta como Diotima consiguió alejar una epidemia de peste de la ciudad. Quiere hacernos saber que ella también es una mujer con dotes mágicas.

Pues bien, Diotima es la mujer escogida para contarnos lo que es el amor y con su teoría se edificarán los primeros peldaños de lo que conocemos popularmente como Amor Platónico.

Veamos que nos cuenta:

Dice que Eros era hijo de Penía (la Pobreza) y Poros (la Oportunidad o el Camino).

Su condición le hacía siempre carecer y siempre buscar.

“Vive al borde de los caminos, anda siempre en su desamparo buscando cobijo; mas por parte de su padre está al acecho de lo bello y de lo bueno y es ávido de sabiduría”

Eros, no es mortal ni imortal. Eros nunca esta lleno ni está vacío. Es búsqueda continua de lo pleno, de lo bello. Esta siempre al acecho. Eros es más camino que destino.

“Con la mirada puesta en aquella belleza, empezar por las cosas bellas de este mundo y, sirviéndose de ellas a modo de escalones, ir ascendieno continuamente”

Buscar y generar.

Procrear ideas.

Parir cosas bellas.

Todo eso era el amor, no tanto un lugar al que llegar como un impulso que nos hace avanzar.

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Tumba del Tuffatore (Paestum)

No es casualidad que todo el texto esté plagado de paralelismos con la maternidad o el parto. Como siento yo mis maternidades, tienen mucho que ver con el amor, claro, pero también y sobre todo con ese impluso. Cada nueva vida que genero me da energía para hacer, para crear cosas bellas.

El amor platónico, eso inalcanzable, se resume en ir subiendo peldaños de la vida.

 

 

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