Mitra odia a las mujeres

En época romana había mujeres tan diferentes unas de otras que dudaríamos en llamarlas a todas bajo un mismo nombre. Corrijo. A veces lo dudaríamos. Otras no. Otras veces estaba claro. Porque había submisiones que traspasaban todas las clases y condiciones.

Mitra, el dios que vino de oriente, lo tenía claro.

Mitra no perdía nunca. Eso no era usual en el mundo de los dioses grecoromanos. Él era siempre un dios vencedor. El que mataba al toro, ni más ni menos. No era casualidad que entre los más devotos estuvieran los miembros del ejército.

Mitra-Antinoo
Mitra-Antinoo

Un dios violento. Un dios hombre para los hombres.

Dicen que Mitra no quería a las mujeres y que no les dejaba entrar en sus rituales. Dicen algunos, de hecho, que Mitra odiaba a las mujeres. A todas ellas, ya fueran esclavas o grandes matronas.

No hubo debotas entre sus filas. A pesar de la gran popularidad que alcanzó su culto, ellas no se acercaron a Mitra. Buscaron otros cobijos en otras devociones, allí donde fueran bienvenidas. Por ejemplo en el regazo de Bona Dea, de la que hablé en otra ocasión. Una dioas que había sido víctima de la violencia masculina y que desde entonces no dejaba que entrara nada masculino en sus rituales. Había aprendido a vivir después de una gran derrota.

En definitiva, las mujeres construyeron otros mundos donde los dioses no fueran vencedores siempre, como ellas.

 

(Parte de la entra está hecha con la información que nos acerca W. Burkert en su libro Cultos mistéricos antiguos)

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