Mujeres entre el derrumbe

El destino ha querido que estos días me sucedieran tres cosas: murió mi abuela y leí dos libros (Nada de Carmen Laforet y Tu no eres como otras madres de Angelika Schrobsdorff )

Todo ello me ha hecho pensar en muchas cosas.

Empezaré por el final. Tu no eres como otras madres cuenta la historia de una mujer nacida antes de la Primera Guerra Mundial. Creció en los Felices años 20 y en una familia judía en Alemania. La historia la cuenta la hija con dignidad, sin juicios ni rencor. Narra todo lo que eso (ser judía y buscar la felicidad) significó para ella (euforia, singularidad y tragedia). Nos cuenta que todas hacemos lo que podemos. Que ser madre es bonito a pesar de todo. Que los caminos de la vida son inescrutables.

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También me ha hecho pensar en Europa. En lo que significa esa palabra. En las dimensiones del derrumbe que significó la Segunda Guerra Mundial.

El segundo libro (Nada, de Carmen Laforet) también es la historia de una mujer. El escenario es Barcelona en los años 40. Allí no hay cuesta abajo porque el derrumbe acababa de suceder. Porque en la Barcelona de los años 40 ya todo son cenizas. Una chica aterriza en medio de esas cenizas de una ciudad derrotada.

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A diferencia de la primera historia, Barcelona es también mi ciudad. Me acerco pues, al nudo de mi historia. Las casas donde yo he vivido se edificaron en medio de ese derrumbe. Mi familia es hija de esa atmósfera opresiva. Sin haber vivido esos años, los reconzco y siento míos, porqué algo de ese olor se filtró entre los cimientos de los lugares donde he vivido.

Mi abuela vivió en carne viva esos años y hace unos días nos dejo aquí, después de todo. El nudo de mi historia empieza aquí.

En esos años grises mi abuela no pudo volver a la escuela a leer libros de historia. En esos años murió su madre. En esos años murió su hermano. Quedó a cargo del padre y otros parientes femeninos. Después vino el resto y, mucho después, yo.

Pienso en los cimientos que tenemos bajo los pies, en esta tierra sobre la que andamos. Esta Europa donde tantas vidas a la deriva nos precedieron. Mi abuela, la mujer judía que amó la vida y la chica de Nada que luchaba cada instante por ser significante, son hijas de una época de díficil. Madres en medio de la nada. Todas ellas pensaron que aún así, había valido la pena.

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Fotografía de Xavier Miserachs

Yo también lo pienso. Ellas han valido la pena. Son las que nos sostienen, nos dan dignidad e identidad. No lo digo con resignación, sinó con esperanza.

 

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