Pequeña apología de María

Demeter, Isis, Mater Matuta, Bona Dea, todas ellas eran diosas que querían a las mujeres. Ellas nos evocan y acercan a las necesidades espirituales de las mujeres. Eran símbolos de feminidad, de como ser mujer. Poliédricos espejos en los que reflejarse.

Con la llegada del crisitanismo se rompió con la tradición de diosas fuertes y heterogenias para pasar a depender de una única figura celestial: María. 

María representada en las catacumbas romanas
María representada en las catacumbas romanas

Ella tuvo importancia trascendental posiblemente gracias a que, sobretodo en los primeros años y en el seno de las primeras comunidades crisitianas, las mujeres fueron también, en parte, protagonistas1.

Consecuencia de ese protagonismo fueron las reacciones como las de Pablo, que en su carta a la comunidad cristiana de Corintio adviritió que las mujeres en los oficios religiosos debían seguir guardando las formas y, como habían hecho siempre, poniéndose el velo2. Es decir, y eso es lo que me parece más reseñable de esta historia, las mujeres se habían quitado el velo en Corintio. Esa era una actitud desafiante, porque no llevar velo era algo realmente perturbador y escandaloso.

En esas comunidades se construyó la figura de María. Un personaje probablemente alejado de la actual Virgen María que nos enseña la Iglesia Católica.

Al calor de las reuniones crisitanas que tenían lugar en el Meditarráneo, se habló de la madre de Jesús. Una mujer que había tenido un hijo sola, quien sabe si porque era prostituta, soltera o tenía alguna capacidad mágica de engendrar sin hombre. Lo que estaba claro es que, como dijo Pablo, Jesús había nacido de mujer.

María cogió entidad y prestigio. Llegó lejos su historia.

Por ejemplo, se utilizó para hacer un capítulo del Corán. La única sura dedicada por completo a una mujer. Allí María aparece como madre soltera del profeta Jesús.

Otra muestra de su fama es el Protoevangelio de Santiago, un Evangelio apócrifo donde nos cuenta la historia de la infancia de María. Este texto bebe de los relatos populares sobre María que corrían por el Mediterráneo, aunque pasados por el tamiz de la Iglesia Oficial. Allí María ya tiene un marido y es una figura bastante subsidiaria de Jesús. Aún así es interesante y con muchas más profundidades y matices de los que nos cuentan.

Así pues, la base popular de su culto era demasiado fuerte como para que los Padres de la Iglesia pudieran manejarla completamente a su gusto, por lo menos en un primer momento.

En el año 431 dC, en el Congreso de Éfeso, María tuvo que ser declarada Thetokos, literalmente, la que dió a luz el Dios.

Para llegar a ese punto hubo unos años de enconadas disputas sobre si se debía aconsiderar a María la madre del Dios (dándole una entidad evidentemente especial y divina, por encima de las otras mujeres) o tan solo madre de la “naturaleza humana de Jesús”, relegándola así a simple mortal.

La disputa sobre la naturaleza de su maternidad había empezado años antes en Constantinopla donde Nestorio, patriarca de la Iglesia en ese momento, rechazó el título públicamente. Los disturbios que se relatan dan cuenta y son bien elocuentes sobre el sentir popular acerca de la figura de María.

El pueblo sintió esa negación como una afrenta su devoción hacia María. Fue tal el revuelo que se organizó que dos años después, en el 431 dC, en Éfeso se intento subsanar, declarándola oficialmente Theotokos, la que dio a luz al Dios.

Juan Damasceno, ya entrados el siglo VIII alerta contra posibles confusiones y precisa que la fiesta cristiana a la madre de Dios deberá desarrollarse sin las flautas y los coribantes, sin tasios y, atención, sin ritual mistérico. Aún exisitía el miedo a que María se conviritiera en una figura con entidad propia dentro de la fe cristiana.

En todo caso, parece claro que la Iglesia a lo largo de los siglos venideros y hasta la actualidad, se ha hecho cargo de esta devoción de origen popular y la ha dirigido hacia una figura sin entidad propia. María es una simple intermediria dedicada a otrogarle humanidad a la figura de Cristo.

Y las mujeres, que venían de una herencia espiritual tan rica, se econtraron con una sola mujer a la que alcanzar, una mujer de hecho inalcanzable, porque no tiene fisuras, porque es buena sin ningún matiz.

Y quedaron huérfanas de espejos en los que reflejarse.

……….

1 Para profundizar en el tema vid. C. Martínez Maza, Los antecedentes isíacos del culto a María, Aegyptus, 80, 2000 y M. Dolores Ruiz Pérez, La mujer en la Iglesia naciente según el Nuevo Testamento, Hijas de Eva. Mujeres y religión en la Antigüedad, Universidad de Sevilla, 2015.

2 Pablo, Carta a los Corintios, 14,23

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